domingo, abril 19, 2009

Risas y Lágrimas

Por Gibran Khalil Gibran


Cuando el sol se alejó del jardín, y la luna lanzó sus mullidos rayos sobre las flores, me senté bajo los árboles a meditar sobre el fenómeno de la atmósfera, contemplando entre las ramas la profusión de estrellas que resplandecían como plateadas motas sobre alfombra azul; y pude oír a la distancia el agitado murmullo del arroyo, que saltarín y presuroso se encaminaba hacia el valle.

Cuando las aves se guarecieron entre las ramas y las flores plegaron sus pétalos, y cayó el terrible silencio, escuché el susurro de unos pasos en la hierba. Agucé el oído y vi que una joven pareja se aproximaba a mi árbol. Se sentaron bajo sus ramas desde donde podía verlos sin ser visto.

El joven miró hacia uno y otro lado, y luego oí que decía: -Siéntate a mi lado, amada mía, y escucha mi corazón; sonríe, que tu felicidad es el símbolo de nuestro futuro; sé dichosa, que los días luminosos se regocijan con nosotros. "Mi alma me alerta de la duda de tu corazón, porque dudar del amor es pecado.



"Pronto serás la dueña de este vasto territorio, iluminado por esta luna maravillosa; pronto serás la señora de mi palacio y los siervos y criados estarán a tus órdenes.
"Sonríe, amada mía, como sonríe el oro de las arcas de mi padre.

"Mi corazón rehusa negarte su secreto. Doce meses de viajes y placer nos aguardan; pasaremos un año derrochando el oro de mi padre en los azules lagos de Suiza, y contemplando los monumentos de Italia y Egipto, y descansando bajo los Sagrados Cedros del Líbano; conocerás a las princesas que te envidiarán las joyas y vestidos.
"Todo esto haré por ti; ¿Estarás satisfecha?

Pronto los vi pisotear las flores como los ricos pisotean los corazones de los pobres. Cuando se alejaron de mi vista comencé a hacer comparaciones entre el dinero y el amor, y a analizar el lugar que ocupaban en mi corazón.
¡Dinero! ¡Origen del amor insincero, fuente de falsa luz y fortuna; manantial de aguas contaminadas; desesperanza de la ancianidad!

Aún vagaba por el vasto desierto de la meditación cuando una pareja desaliñada y espectral pasó junto a mí y fue a sentarse en la hierba; dos jóvenes, un hombre y una mujer, que habían salido de la choza de su granja cercana para venir a este sitio desapacible y solitario.

Después de unos instantes de completo silencio, escuché las siguientes palabras, pronunciadas entre suspiros por entristecidos labios:
-No derrames lágrimas, amada mía; el amor que abre nuestros ojos y esclaviza nuestros corazones nos brinda las bondades de la paciencia. Consuélate de nuestra demora, porque hemos hecho un voto y hemos penetrado en el santuario del Amor; porque nuestro amor crecerá en la adversidad; porque en nombre del Amor padecemos los obstáculos de la pobreza y el rigor de la desdicha y el vacío de la separación. Combatiré estas penurias hasta triunfar, y poner en tus manos el valor que te ayudará a pesar de todo a completar el viaje por la vida.

"El amor -que es Dios- recibirá nuestras lágrimas y suspiros como incienso quemado ante Su altar, y nos recompensará con fortaleza. Adiós, amada mía; debo irme antes que la pálida luna se desvanezca.
Una voz pura, hecha de la exigua llama del amor, y de la desesperanzada amargura del anhelo, y de la decidida dulzura de la paciencia, dijo:
-Adiós, Amada mía.
Se separaron, y la elegía de su unión fue velada por los gemidos de mi lloroso corazón.
Contemplé la aletargada Naturaleza, y reflexionando profundamente descubrí la realidad de un hecho numeroso e infinito: lo que ninguna fuerza puede exigir, ni influencia adquirir, ni riqueza perseguir. No puede ser borrado por las lágrimas del tiempo ni muerto por la tristeza; algo que ni los azules lagos de Suiza ni los maravillosos monumentos de Italia pueden revelar.

Es algo que se fortalece con la paciencia, crece a pesar de los obstáculos, se guarece en invierno, florece en primavera, hace soplar la brisa en verano y da frutos en otoño: hallé al Amor.

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